La física del combate

Siete ideas de física que explican por qué las técnicas funcionan. Cada una se cuenta aquí una vez y bien, y desde las fichas se enlaza aquí en lugar de repetirlas.

Casi todo lo que se cuenta sobre “la fuerza” de un golpe es ruido. Se mezclan magnitudes distintas, se comparan cifras que no son comparables y se acaba en frases del tipo “ese puñetazo tenía la fuerza de un mazo”, que no significan nada.

La física de una pelea no es complicada. Son siete ideas, con números concretos, y cada una cambia decisiones técnicas: qué superficie usas para golpear, hacia dónde empujas una llave, por qué una defensa entra por dentro y otra por fuera, o por qué caer con un pie en el suelo te hace llegar un 30 % más despacio.

Estas siete páginas son la referencia. Las fichas de técnica enlazan aquí en vez de repetir la explicación cada vez.

Un aviso: entender la física no sustituye al entrenamiento. Sirve para que la repetición sea deliberada en lugar de ciega, y para detectar cuándo alguien te está vendiendo magia.

Momento y energía no son lo mismo El momento tira a alguien al suelo. La energía rompe huesos y provoca dolor. Son dos magnitudes distintas, se generan de forma distinta y se defienden de forma distinta. Impulso: el tiempo importa tanto como la fuerza Para frenar algo hay que quitarle todo su momento, sí o sí. Lo único que puedes elegir es en cuánto tiempo. Esa elección divide la fuerza que recibes, y es la física de las caídas y del acolchado. Palancas Una palanca cambia fuerza por distancia; nunca regala nada. Y en una pelea tiene un problema que los manuales no cuentan: el punto de apoyo casi nunca está quieto. Centro de masas y base de sustentación Dónde está tu equilibrio, qué decide que un empujón te mueva o te haga girar, y por qué toda proyección del mundo se reduce a dos preguntas. Presión: fuerza dividida por superficie Por qué el codo destroza y la palma empuja. La misma energía repartida en menos superficie multiplica el daño local, y las superficies están medidas. Rotación y KO El daño cerebral no viene del impacto recto: viene del giro de la cabeza. Eso explica por qué un gancho a la mandíbula noquea y un directo a la frente no, y por qué los guantes no protegen el cerebro. Recto contra circular Un gancho recorre 3,1416 veces más distancia que un directo. De ese número salen la ventaja del golpe recto, la forma de controlar a alguien girándolo, y por qué caer con un pie plantado te salva un 30 % de velocidad.
Fuentes de este artículo
  1. Jason Thalken, Fight Like a Physicist: The Incredible Science Behind Martial Arts, YMAA Publication Center, 2015. ISBN 9781594393389.
  2. Barney F. LeVeau, Biomechanics of Human Motion: Basics and Beyond for the Health Professions, SLACK Incorporated, 2011. ISBN 9781617114663.

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