Después

Lo que viene cuando se acaba: la parte médica, la legal y la psicológica. Ganar no es lo mismo que estar bien, y casi nadie lo cuenta.

Casi toda la enseñanza de defensa personal termina cuando termina la agresión. La realidad no.

Lo médico

Dos cosas que se olvidan con el subidón hormonal:

  • Revísate en cuanto estés a salvo. Con adrenalina no se siente el daño. Recuerda al agresor del primer capítulo que se rompió la mano y no se enteró hasta horas después. Puedes tener una fractura, un corte importante o una lesión interna y estar convencido de que estás bien.
  • Si hay heridas por arma blanca o de fuego, el reloj corre. Lo que más determina la supervivencia es la rapidez con que llegas a atención médica. La mayoría de las heridas de bala se sobreviven; buena parte de lo que las hace mortales es el tiempo.

Aviso importante: las fuentes de esta sección son estadounidenses, y el derecho penal no se exporta. Lo que sigue son los principios generales, que sí se parecen; los detalles de tu país no se aprenden en un sitio web.

La fórmula que Miller usa para explicar la justificación del uso de la fuerza:

Puedes usar el mínimo nivel de fuerza que razonablemente creas necesario para resolver la situación con seguridad.

Y merece la pena desmontarla pieza a pieza, porque cada palabra está ahí por algo:

  • «Puedes» — no estás obligado. No es tu trabajo. Si puedes irte, vete.
  • «mínimo nivel» — tendrás que explicar no solo por qué hiciste lo que hiciste, sino por qué algo menos no habría funcionado.
  • «razonablemente» — el listón lo pone lo que habría hecho otra persona en tu lugar, no lo que tú creas.
  • «creas» — no se te puede exigir actuar según información que no tenías. Pero sí tendrás que explicar por qué creíste lo que creíste.
  • «necesario» — hay que demostrar que la fuerza era la única opción. En la mayoría de sitios, eso incluye explicar por qué no te fuiste.
  • «con seguridad» — la defensa propia no es un combate deportivo. El juego limpio no es un requisito legal. No usas la fuerza mínima que te da buenas opciones de ganar: usas la mínima que crees que te saca de ahí entero.

En España el marco de referencia es la legítima defensa del artículo 20.4 del Código Penal, que exige tres cosas: agresión ilegítima, necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla, y falta de provocación suficiente por parte de quien se defiende. Si falta el primer requisito no hay legítima defensa de ninguna clase; si fallan los otros dos, puede apreciarse de forma incompleta y atenuar la pena, no eliminarla. Esto es un resumen para que sepas qué preguntar, no asesoramiento jurídico.

La frase que hay que memorizar

De todo el capítulo legal de Miller, esta es la que más gente necesita oír:

La defensa personal protege tu cuerpo, no tu orgullo.

Si alguien te dice «cállate o te parto la cara» y la cosa acaba en pelea, vas a tener verdaderos problemas para sostener que te estabas defendiendo… porque no te callaste. Si una exhibición de amenaza degenera en pelea, estabas bailando la danza del mono. Eso es una riña mutua, y no es lo mismo que defenderse.

Articular

Hay una habilidad que casi nadie entrena y que decide el resto de tu vida: poder explicar, delante de gente que no estaba allí, qué hiciste, por qué, y por qué las demás opciones eran peores — y hacerlo sobre una decisión que tomaste en una fracción de segundo.

Dos apuntes prácticos:

  • La ley es el estándar con el que te van a juzgar. Tu ética es el estándar que va a gobernar lo que hagas en el momento. No son lo mismo y conviene tener las dos claras antes.
  • No des declaraciones detalladas inmediatamente. No es que tengas nada que ocultar: es que tu memoria en ese momento no es fiable —lo cuenta el capítulo del congelamiento— y tu cerebro rellena huecos sin avisarte. Una contradicción posterior con lo que dijiste en caliente te la van a leer en voz alta.

Lo psicológico

Aquí es donde el capítulo se vuelve duro, y donde más falta hace que alguien lo haya dicho antes.

Ganar y estar bien no son lo mismo. Quien sobrevive a una agresión puede haber ganado por todos los criterios objetivos y sentirse una víctima; y quien fue víctima pura, viva por suerte o por el aburrimiento de su agresor, puede sentirse ganador algunos días.

Se rompen cosas que creías saber. Buena parte de lo que uno cree sobre el mundo y sobre sí mismo no sobrevive al primer contacto con la violencia real: la idea de que si eres el bueno todo acaba bien, la idea que tenías de cómo ibas a manejar el miedo y el dolor. El cuerpo suele curarse; la idea que tenías de quién eres puede no hacerlo.

Y también duele cuando sale bien. Esto es lo más contraintuitivo del capítulo. El depredador te ha «otrificado» por completo — para él eras un recurso. Es muy improbable que tú hayas hecho lo mismo con él: si te defiendes y le haces mucho daño, vas a verlo como una persona, que es una cortesía que él no te concedió. Duele, y puede parecer debilidad. Es justo lo contrario.

Miller cuenta el caso de un practicante al que un agresor atacó con un cuchillo. Hizo exactamente lo que había entrenado durante años: dos movimientos, y le destrozó el brazo y le causó daños internos tan graves que los médicos no las tenían todas consigo con la cirugía. Y quedó devastado. En todos esos años visualizando adversarios, la parte sucia —el sonido de los huesos, los quejidos— nunca había formado parte de la historia que se contaba.

El que estudia artes marciales durante años y aun así es golpeado, robado o agredido siente además una traición: parte de su relato interior consistía en usar esas habilidades para protegerse y proteger. Fallar duele de una forma particular.

Qué hacer con eso

  • Habla. Contar la historia —a un profesional, a alguien de confianza— es parte de cómo se reconstruye el relato.
  • Cuenta con que la reacción del entorno te va a sorprender, a veces para mal. La gente que no ha estado cerca de la violencia tiene opiniones muy firmes sobre lo que deberías haber hecho.
  • No dejes que nadie —ni un experto, ni este sitio— te diga lo que sentiste. Si una etiqueta no te encaja pero el resto de la descripción sí, quédate con lo que te sirva. Eres tú quien conoce tu cabeza.

Por qué esta página está en un sitio de Krav Maga

Porque un sistema de defensa que solo te prepara para los dos minutos de la agresión te está preparando para la parte más corta.

Lo de después dura años. Y saber que existe, que es normal, y que le pasa también a los profesionales, es parte del entrenamiento.

Fuentes de este artículo
  1. Rory Miller, Facing Violence: Preparing for the Unexpected, YMAA Publication Center, 2014, caps. 1 y 7.

Los textos de este sitio son de elaboración propia a partir de estas fuentes. Ver la bibliografía completa.